Mostrando entradas con la etiqueta tecnologia. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta tecnologia. Mostrar todas las entradas

4 de febrero de 2010

China acapara 95% de los minerales raros para la producción tecnológica


Casi siempre que se habla del crecimiento tecnológico de China nos referimos a su mano de obra barata o su capacidad industrial. Sin embargo, otro componente crucial en el desarrollo del gigante asiático se debe a su riqueza mineral. Se dice que el 95% de los minerales raros empleados para la producción de cualquier tecnología provienen de las minas chinas.

La mina de Baotou, en la región autónoma de Mongolia Interior, produce cerca de la mitad del consumo global de minerales raros como el neodimio, el lantano, el europio o el erbio. Dichos elementos tienen numerosas aplicaciones, que van desde lectores de DVDs hasta motores eléctricos o fibra óptica. Este yacimiento exporta anualmente 120,000 toneladas, por lo que se calcula que su reserva se agotará dentro de 30 años.

Esta noticia me ha recordado (texto no escrito por mi persona) un poco el caso de la explotación del coltán. Para contextualizar, la guerra del coltán se refiere al conflicto bélico en la República Democrática del Congo, país que posee el 80% de las reservas globales de este mineral. El coltán es utilizado en prácticamente todos los aparatos electrónicos: teléfonos móviles, GPS, satélites artificiales, armas teledirigidas, televisores de plasma, etcétera. El conflicto en el Congo es alimentado por las multinacionales, e incluso se especula mucho que el gobierno chino alimenta a las guerrillas a cambio de contratos mineros.

Sirva el ejemplo del coltán para ilustrar el papel estratégico que tienen los minerales raros para la industria global. Las potencias entienden que controlar los recursos de la producción tecnológica es una garantía de poder a futuro. Estados Unidos entiende que depender de otra nación (¡sobre todo de China!) es comprometer su futuro hegemónico. Por tanto, los norteamericanos estudian reanudar la explotación de yacimientos en su suelo -equivalentes al 12% global- para terminar con la dependencia, aunque represente un coste económico elevado. Sin embargo, el coste a futuro sería mayor a la inversión actual. Después de todo, en la guerra de los recursos, el que se alenta, pierda.

Fuente: ALT1040

9 de enero de 2010

La elusiva inteligencia artificial



Tras las optimistas predicciones de mediados del siglo XX acerca de los avances en cerebros electrónicos e inteligencia artificial, lo cierto es que no hay nada que realmente nos pueda hacer pensar que hoy en día estamos más cerca de conseguir crear una inteligencia artificial que entonces ni que HAL 9000 y similares vayan a dejar de ser ciencia ficción a corto plazo.

Es verdad que se han creado sistemas expertos que reúnen los conocimientos de especialistas en algún campo y que mediante preguntas y más preguntas pueden ayudar con el diagnóstico de ciertos problemas. Es también cierto que hay ordenadores capaces de ganar a los más grandes campeones de ajedrez, por citar un par de ejemplos de avances en este campo. Pero ¿se atrevería alguien a decir que muestran un comportamiento inteligente?

Alan Turing, uno de los padres de la informática, propuso ya en 1950 el test que lleva su nombre, que viene a decir que si una máquina se comporta en todos los aspectos como si fuera inteligente entonces debe serlo. Para comprobarlo, un juez se pondría a conversar mediante preguntas y respuestas escritas con otro ser humano y con la máquina supuestamente inteligente sin tenerlos a la vista y, en caso de que el juez no supiera distinguirlos, se consideraría que la máquina habría pasado el test.

Pero a día de hoy ninguna máquina ha conseguido pasarlo ni hacerse con el premio Loebner, que desde 1990 ofrece 100.000 dólares al primer programa que sea capaz de hacerlo.

Y es que quizás el problema es que, como decía el oráculo de Delfos, tendríamos que empezar por conocernos a nosotros mismos y saber definir qué es la inteligencia y como funciona -y no nos metamos en el asunto de la conciencia y de las emociones- antes de plantearnos poder crear una.

Así que, aun con lo complicado que es hacer predicciones tecnológicas, estoy dispuesto a apostar algo a que en el entorno del 2045 los seres humanos no nos habremos quedados obsoletos al superar la inteligencia artificial a la humana como predice desde hace tiempo Raymond Kurzweil.

Fuente: La Voz de Galicia